No hay capacitación charla o clase en la que participe, que no se introduzca con la mención de una idea (además de la importancia de la puntualidad): el protocolo como una cuestión de actitud. Ya sea de forma breve o profunda, siempre se hace presente, en cada una de mis exposiciones. Hasta podría parecer insistente, a veces.

Me pregunta una chica una vez, en una conversación de confianza, si el protocolo y la etiqueta no se deslucen con cierta frivolidad o falsedad, ya que “la misión en la vida es ser auténtico, ser uno mismo y actuar con honestidad”.

¿La urbanidad está formada de hipocresía?

Le respondí sí, cuando traspasamos un cierto nivel de confianza y después intentamos revertir.

No se puede restituir una falta de respeto intencionada que surge de una actitud apática.

Sí serían bienvenidas las disculpas en todo caso, cuando accidentalmente rompemos la norma adecuada, por supuesto. Pero cuando se trata de la actitud cambiante desde las intensiones, ya no hay manera de volver a parecer en altura.

Cuando saludamos torpemente con un beso confianzudo y correspondía el saludo formal; cuando tuteamos a alguien y lo tratamos con lenguaje amistoso aunque merecía el mayor respeto; cuando nos mostramos demasiado informales y sueltos en ocasiones que merecen total compostura, formalidad. Abrimos caminos de confianza, que pueden ya no tener retorno.secret

El comportamiento arruina la armonía y convierte en hipócrita a una persona cuando ésta intenta parecer alguien sutil y discreto e intenta bajar su nivel de confianza ya alcanzado con alguien más, intentando poner una barrera formal en la amistad YA LOGRADA. Es ficticio comportarse ante otro con tal sutileza y discreción una vez superadas éstas en algún encuentro anterior. Una vez que nos hacemos cálidos amigos, ya no podemos volver a ser desconocidos, cuando las relaciones fluyen normalmente sin conflictos o peleas que motiven el cambio rotundo. Una vez que le he contado mis cosas personales a alguien, ya éste no vuelve a ser extraño. Ya no sería nunca más distante con una mirada y un saludo con tinte frío y formal. De lo contrario, ¿qué pasó? Si no hay motivo, la causa sería: hipocresía. Porque esa distancia es simulada, falsa y el comportamiento deja de ser genuino.

Procuremos NO arrepentirnos del nivel de confianza que estamos creando. Nuestro comportamiento siempre debe ir de menos a más. De formal a informal si lo merece. De desconocidos a conocidos-amigos si llega a fluir así a lo largo del tiempo. De saludo formal a saludo con beso-abrazo en algún momento si con el tiempo la relación se vuelve amistosa. El protocolo no es hipócrita. Lo falso, sí. No podemos sin motivo alguno dejar de fluir los vínculos hacia delante, de la noche a la mañana. Sí, fortalecerlos.

Lucrecia Argüello